La práctica de la magia, al igual que la práctica de la religión, involucra culto y petición. En ambos casos la oración y la innovación son producto de la motivación de consideraciones egoístas por parte de la persona. En otras palabras, cada acto mágico o religioso es realizado con el propósito de ganar cierto tipo de beneficio de la divinidad invocada. Incluso cuando la intención de la oración o invocación es adoración y amor de la deidad, hay un motivo ulterior incluido en el acto de fe; este puede ser una petición a Dios para tener mayor pureza y humildad, el deseo de entendimiento y unión divina, o una ofrenda de posesiones materiales a cambio de espiritualidad. Cualquiera que sea la razón para un acto de fe, mágico o religioso, la intención es la misma, el beneficio a través del culto y la petición.

Tanto en la magia como la religión el hombre reconoce que hay fuerzas cósmicas de naturaleza dual, que actúan en el mundo material.

Estas energías, que pueden ser descritas mejor como los poderes del bien y el mal, son responsables de la formación de cada vida humana y la determinación de su destino. El hombre ora a los dioses con la esperanza de que su vida mejorará a través del poder de una de las    dos fuerzas que funcionan en el universo. Por ejemplo, la magia blanca busca alcanzar sus objetivos mediante el culto de fuerzas buenas o creativas, que se conocen como Dios, o los dioses de la naturaleza. Por otro lado, la magia negra adora las fuerzas malignas o demoníacas con el mismo propósito, realizar un deseo definido.

Cuando una fuerza cósmica divina o demoníaca, es invocada en la magia, su efecto sobre el mago es usualmente energizante. En otras palabras, dicha fuerza saturará al mago con su magnetismo y poder para que éste pueda manifestarla en el mundo físico a través de un acto de voluntad.

El mago tiene dos maneras para que la energía cósmica se manifieste: los rituales y, los hechizos. El ritual puede ser de evocación o invocación; es decir, la fuerza puede ser llamada para que se manifieste a través del mago (invocación), o para que se materialice fuera del mago (evocación). En cualquier caso, la fuerza cósmica es requerida para que participe directamente en la ceremonia del mago y produzca los cambios deseados en su vida por medio de una intervención especial. Los rituales pueden ser de diferentes tipos y se pueden conducir por diversas razones, pero el propósito central será el mismo, traer la fuerza para que se manifieste materialmente. Tanto en un ritual de transición (bautismo, pubertad, o muerte), o en un rito de invocación, fertilidad, o sacrificio, el esquema principal será el mismo: se contactará una fuerza natural o divina por una razón específica y se pedirá que se manifieste en el mundo material.

Por otro lado, el hechizo no invoca o evoca fuerzas; su propósito es captar los poderes y la ayuda de los dioses mediante el conocimiento y uso apropiado de correspondencias mágicas. Cada elemento utilizado en un hechizo tiene sus atributos y poderes especiales. La combinación correcta de ingredientes en un hechizo, y el conocimiento de las fuerzas que los controlan es lo que hace que un hechizo funcione. A veces el solo uso de los ingredientes es suficiente para tener éxito en esta práctica.

Es difícil entender por qué una combinación de ciertos elementos, puede crear una reacción física que realiza los deseos del mago. No es fácil creer que con sólo proferir unas pocas palabras o reunir unos cuantos objetos, se puede producir efectos mágicos. Sin embargo, aunque parezca increíble, eso es exactamente lo que sucede cuando un mago capacitado realiza un hechizo poderoso. ¿Cómo explicamos estos efectos aparentemente sobrenaturales? La opinión de la autora es que dos cosas deben considerarse para clasificar este misterio. Primero, la creencia mágica de que todo en el mundo material está cargado con un tipo especial de magnetismo; esto también se aplica a los elementos mágicos de un hechizo. El mago sabe cuales plantas, flores, inciensos, colores, animales, planetas, números, perfumes, aceites, etc., vibran armónicamente entre sí. También sabe cuál de estos elementos mágicos se puede usar para cada objetivo en particular. Por ejemplo, cualquier mago, sin considerar si es brujo, demonólogo, chaman, o cabalista, es un maestro herbalista. En la magia es de gran importancia el conocimiento de las plantas, hierbas, árboles, frutas y flores, ya que el reino vegetal está cerca al corazón de la naturaleza. Por ejemplo, cada hierba tiene su uso específico- algunas para tés, baños, o hechizos, otra se queman como incienso para los dioses.

Tenemos el caso de la ruda, es una de las hierbas más valiosas para los magos; usada para purificar, ningún mal puede existir en su presencia. Lo mismo sucede con hierbas tales como el hisopo, el pachulí y la lavanda, mientras la asafétida y la belladona son plantas usadas para el mal o trabajos de magia destructivos.

Lo segundo que se debe considerar para el éxito de un hechizo mágico, es el fuerte poder de la sugestión que forma parte de la personalidad mágica. El verdadero tiene una gran capacidad para sugestionar a los demás. En otras palabras, el mago puede trabajar en un trance auto hipnótico a través del cual impresiona en su mente que sus deseos se realizarán. Igualmente, tiene la habilidad de influenciar la mente de otras personas hasta el punto de hacerlas creer que van a suceder cosas exactamente de acuerdo a su voluntad. Esta forma tiene que ver con las prácticas de vudú en Haití.